Categorías: Tecnología
| Publicado
noviembre 21, 2020 12:59 pm

La tecnología 6G, cada vez más cerca

Por Eva Fernández

La carrera para formar parte de la llamada sexta generación de telefonía móvil, o 6G, ya ha comenzado, aunque el despliegue no comenzará, como muy pronto, hasta el final de esta década y se ampliará a lo largo de la próxima . Se espera que participen muchas más empresas que hasta ahora, con el apoyo de sus países respectivos. En especial las empresas de Estados Unidos, que ahora tienen un papel más discreto, y también las japonesas y surcoreanas, que quieren más protagonismo. También está por ver hasta qué punto Europa conseguirá implicarse.

La telefonía móvil actual, de quinta generación o 5G, está dominada por la sueca Ericsson, la finlandesa Nokia y las chinas Huawei y ZTE, aunque la surcoreana Samsung y la japonesa NTT DoCoMo están ganando mercado -y en los próximos años se prevé que todavía tengan más-. En cambio, no hay ninguna empresa de EE.UU. en el mercado clave de las estaciones base, las antenas que comunican los smartphones con la red de telecomunicaciones. También aquí hay fuertes movimientos con las llamadas redes de enlace abiertas, en oposición a las cerradas o propietarias actuales.

El papel de los Estados Unidos
La estructura del mercado puede cambiar con la 6G, porque la administración de los Estados Unidos, gane quien gane las elecciones el próximo martes, tiene el firme propósito de situar una o más empresas al frente o, cuando menos, que compitan con las actuales. Esto no será nada sencillo, porque la competencia ya es feroz y lo será aún más con la 6G. China, que hace 20 años no era nadie y apenas tenía móviles, creó un “campeón nacional”: Huawei, con la 4G al inicio del milenio y ahora con la 5G, domina el mercado mundial. Mientras tanto, las telefónicas de EE.UU. se dedicaron a comprar equipos de fuera, mejores y más baratos, y empresas punteras del país, como Motorola o Lucent -que había sido propiedad de AT & T, fueron adquiridas, con sus valiosas patentes, por grupos de China y de Europa.

Es bien sabido que con cada cambio de década aparece una nueva generación de telefonía móvil, que va ganando mercado con los años, llega al máximo a mediados de década y se extiende luego por todo el mundo. Esto es lo que, aproximadamente, ha pasado desde los años ochenta con la 1G, después a los noventa con la 2G (GSM), el cambio de milenio con la 3G (UMTS, multimedia en el móvil) y hace una década con la 4G (LTE, con la total integración total de internet y videollamadas gracias a los smartphones). El patrón de apariciones se mantiene con la actual 5G y seguirá previsiblemente con la 6G.

Las generaciones sucesivas de telefonía móvil no aparecen espontáneamente como champiñones. Hay un proceso largo y pesado que se alarga casi una década. Se forman numerosos grupos de trabajo, dentro de organismos internacionales como la UIT o el 3GPP, con especialistas destacados en cada una de las materias y una visión global del tema, muy técnica y económica. Suelen ser representantes liberados de las grandes empresas, que trabajan por el bien común pero siempre barriendo para casa y por sus países respectivos. Observan por dónde van las cosas y así sus empresas pueden ir creando y patentando tecnologías, con la esperanza de que al final sean aprobadas.

Típicamente, las diferentes tecnologías de telefonía móvil se van perfilando a mediados de cada década y luego se van definiendo con más detalle, hasta que se aprueban las especificaciones finales de todo el entramado a finales de cada década y luego se van mejorando con los años, en un proceso continuo. Sin embargo, antes que nada se deben definir el marco de actuación y los objetivos básicos que se quieren conseguir. Es lo que se está haciendo en estos momentos con la 6G: perfilar una visión común, dentro de las innumerables posibilidades que hay, que después va concretando cada grupo de trabajo específico.

Ahora, dentro del 3GPP, se están discutiendo las normas ampliadas de la 5G, la llamada Release 17, y se seguirá trabajando con su mejora en los próximos años, hasta que se dé la 5G por totalmente terminada y se empiece a trabajar muy en serio en la 6G a mediados de esta década.

En estos momentos, los grupos de trabajo del 3GPP están dirigidos y copados por personal de Huawei y ZTE y, en menor medida, de Samsung, Ericsson, NTT DoCoMo y Nokia. Hay que añadir que estas empresas tienen la gran mayoría de patentes esenciales, que también serán utilizadas para la 6G, junto con otras nuevas con las que están ligadas. Estas patentes producen beneficios a sus propietarios y, aunque se ceden en un proceso no discriminatorio muy regulado, es evidente que suponen una ventaja para quien las tiene. A las empresas estadounidenses que quieran entrar no les será nada sencillo. Al menos no tanto como Trump pensaba cuando pió hace pocos meses que Estados Unidos debían entrar en la 6G.

La 6G será, seguro, una versión muy evolucionada de la 5G pero sin cambios radicales, porque la 5G ya introduce escenarios muy ambiciosos que probablemente tendrán que esperar la llegada de la 6G. Las comunicaciones irán a más velocidad -hasta 1.000 gigabits por segundo, 50 veces más que la 5G-, tendrán una respuesta mucho más rápida y forzosamente deberán consumir mucha menos energía en términos absolutos y relativos, para que, con el aumento de transmisión de datos previsto, el consumo energético actual de las telecomunicaciones es insostenible. Como la 6G será de alcance más corto, habrá que multiplicar -se calcula que por 1.000- la cantidad actual de antenas, aunque serán mucho más pequeñas.

Se prevé que con la 6G se generalice el uso automatizado de las comunicaciones, sin necesidad de tantos aparatos -ni quizás el smartphone- y una mayor utilización de los sentidos humanos, como la voz humana, las manos o la vista, para dar órdenes mediante entornos virtuales. Todo debería ser más intuitivo y más sencillo de utilizar, pero hay que pensar que, aunque la próxima década haya 6G, serán necesarios muchos años para ponerlo todo a punto. Una cosa es que sea posible y factible y la otra que su uso se generalice y esté al alcance de gran número de personas a precio razonable.

Eva Fernández

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